Sufrir la escuela, el barrio, el club… la vida. Por María Zysman.

Sufrir la escuela, el barrio, el club… la vida. Por María Zysman.

La docente de la Diplomatura en Análisis y Abordaje del acoso escolar nos cuenta qué es – y no es – el Bullying y comparte algunos consejos sobre cómo reconocerlo y prevenirlo.

Quien es acosado, tiene miedo

Pedro va a tercer grado. Sus padres han notado en él cambios de humor, irritabilidad y falta de ganas de ir a la escuela. No quiere ir a los cumpleaños de sus compañeritos ni invitar amigos a su casa. Cada tanto llega de la escuela enojado y se encierra en su cuarto; cuando tratan de hablar del tema se pone a llorar. La madre se desespera y angustia…leyó tantas cosas últimamente acerca de “la epidemia del bullying” que francamente se asusta. Inmediatamente consultan con la maestra y ella refiere que el niño “se peleó” con sus amigos pero ya va a pasar….Están los padres, los maestros y directivos, confundidos y perdiendo de vista a Pedro en la búsqueda de culpables.

Cuando la violencia se hace bullying

El bullying es una de las formas que puede adquirir la violencia. Se refiere a aquella que se despliega entre pares en edad escolar y que puede tomar forma de agresiones verbales, físicas, de exclusión social y siempre implican sufrimiento. Se sostiene en una relación asimétrica de poder. Un chico se siente más que el otro, y ese otro sostiene esta creencia con miradas temerosas y actitudes de sometimiento. No todas las dificultades vinculares se pueden diagnosticar como bullying ni nombrar rápidamente como tales. Diferenciarlas es un primer paso para poder despejar dudas.

Los otros: testigos mudos

Un público de testigos refuerza este vínculo con su silencio y miedo. Quien acosa, intimida. Quien es acosado, tiene miedo. Nada de esto se despliega de casualidad sino que es intencional y premeditado.

El Bullying se sostiene gracias al silencio de quien lo padece y el silencio de quien lo ve.

Ese silencio no es necesariamente generado por amenazas o miedos sino también por culpa, vergüenza y desesperanza, Los chicos, muchas veces, refieren que cuando solicitan ayuda los adultos a cargo responden de manera tal que su autoestima disminuye aún más.

Quienes son espectadores de este tipo de violencia, apoyan -a veces sin querer-, al acosador. Si lograran alejarse y pedir ayuda, comenzarían a desarmar esta forma de relación que tanto duele. Quienes miran el  espectáculo, a veces participan colaborando con el hostigador y otras callan por miedo a ser tomados como próximo blanco del acoso. Debemos trabajar con ellos para que puedan correrse de ese lugar, para que comprendan que pedir ayuda o ayudar no significa traicionar ni ser Buchón, para que empaticen con los compañeros y puedan quitarle poder a quien ejerce el control abusivo.

Qué es y qué no es

Como la mamá de Pedro, muchas familias en la actualidad temen que sus hijos estén involucrados en aquello que ven en campañas publicitarias, noticias de los diarios o ráfagas informativas de televisión. Esto genera miedos, defensas, sospechas y, en definitiva, graves errores a la hora de nombrar a los hijos (propios y ajenos).

Para no minimizar el sufrimiento ni exagerar lo visible, propongo revisar permanentemente algunas cuestiones fundamentales:

  • Los chicos tienen derecho a elegir sus amistades, eso es indiscutible. Tienen preferencias y rechazos en los grupos escolares. Tienen derecho a sentir afinidades, pero lo que no es justo ni amoroso es instigar a los compañeros a acercarse o alejarse de algún integrante del curso. Los amigos se pelean y recomponen el vínculo. Lo que duele es que ese amigo….enemiste a todos los demás. Los ponga en contra. Ahí ya hablamos de bullying.
  • Entre los chicos de una clase puede haber quien es más extrovertido y quien es más tímido. Quien toma iniciativas y quien sigue el camino que abre otro. Nadie tiene el derecho de obligar a otro a hacer cosas que no quiere para lastimar a un compañero.

Hablamos de bullying cuando alguien sufre -de manera sostenida y reiterada en el tiempo- los ataques de un par que lo exponen humillándolo, lo ridiculizan y dejan desvalido ante sus pares aumentando la sensación de soledad y aislamiento cada día un poco más.

Padres que están atentos

Los padres pueden detectar si sus hijos están siendo hostigados o están hostigando. Cualquier cambio en la conducta de niños, niñas o adolescentes debe llevarnos a indagar qué está ocurriendo. Los chicos que sufren de acoso se repliegan en sí mismos: hablan poco o nada de la vida escolar, participan lo imprescindible en clase, prefieren las actividades solitarias a aquellas en grupo, son poco invitados (o nada) a cumpleaños y programas extraescolares, pierden sus útiles y dinero, pueden somatizar: dolores de cabeza, de panza, malestares gastrointestinales, erupciones en la piel….son síntomas de que algo está ocurriendo. También los trastornos del sueño (insomnio, pesadillas, gritos solicitando ayuda en sueños, dormir demasiado) y de la alimentación.Muchas chicas dejan de comer porque las agreden con su peso, o porque para pertenecer al grupo de las “populares” deben ser delgadas. Los chicos hostigados suelen pedir que se los retire antes de la escuela, o llegan tarde: quieren evitar el contacto con sus compañeros en los lugares de tránsito (baños, pasillos, comedores, patios).

Todos estos signos y síntomas nos indican que podría tratarse de un caso de bullying pero no nos dan la certeza diagnóstica. Para eso tenemos que indagar más. Poner el nombre bullying de manera expres sólo nos cierra la puerta para seguir pensando.

Los/as que hostigan

Quienes hostigan suelen ser chicos que transgreden las normas de convivencia. Desafían, buscan consenso y éxito social a través de este tipo de acciones. Muchas veces son chicos que sufren diferentes maltratos en otros escenarios y se ubican en estos roles para evitar ocupar el lugar de víctima nuevamente. Buscan ser reconocidos mediante posturas desafiantes, seguras y provocadoras. Debemos encontrar siempre el sentido del acoso en cada uno de los chicos involucrados.

Padres y docentes

Los adultos debemos ser referentes confiables para niños niñas y adolescentes. Esta confianza supone que ellos sepan que acercándose a nosotros no vamos a desesperarnos, atacar o empeorar las cosas. Mantener la calma es lo primero que debemos hacer, seamos padres o docentes de quien es hostigado o quien es hostigador. Conocer los hechos en profundidad es fundamental y nos debe llevar a reflexionar junto con los chicos (individualmente) acerca de lo ocurrido. Jamás justificar o explicar las agresiones con algún rasgo de quien las padece: no podemos decir “le pegan porque es linda”.  Nadie se merece ser acosado, nadie se merece ir a la escuela a pasarla mal y tener miedo. De nosotros depende que el clima en la escuela sea de confianza, colaboración y construcción colectiva.

De eso se trata: de crear espacios de igualdad, de participación e intercambio en los que los vínculos entre los chicos se construyan amorosamente, de par a par.

Maltrato y buen trato

El buen trato implica reconocimiento del otro, quiénes somos, ausencias y presencias, el registro de lo que el otro necesita. En la medida en que yo miro a quien está enfrente, yo seré mirado por él.

El trabajo compartido reconforta y en la escuela tenemos la oportunidad de generarlo. Es un lugar privilegiado para enseñar a construir y colaborar, para enseñar y aprender que con comunicación, empatía y solidaridad; crecemos todos mejor.

 

María Zysman es directora del equipo de diagnóstico, prevención e intervención Libres de Bullying. Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad del Salvador y posgraduada en Autismo y TGD y en Déficit de Atención y Dificultades de Aprendizaje, Universidad Favaloro.  Autora del libro “Bullying. Cómo prevenir e intervenir en situaciones de acoso escolar”. Editorial Paidós (2014).